Capítulo 21
Relevo, atrición y fracaso contemporáneo de la renovación
Hay una diferencia importante entre el aprendizaje de un sistema individual y la continuidad de un sistema más amplio: un individuo puede agotar gradualmente su margen, volverse más rígido, sedimentar sus cierres y perder capacidad de dejarse corregir por la experiencia, un sistema social más extenso, en cambio, no coincide con esa biografía singular y puede seguir a través del relevo, la sustitución, la atrición, el fracaso o la desaparición de algunas de sus partes.
Históricamente, esa diferencia de escala funcionó muchas veces como una forma indirecta de renovación, porque nuevos sujetos llegaban con menos sedimentación propia, con más latencia disponible y con una historia más corta de cierres, no era preciso idealizar la juventud para que algo de esto fuese real: el relevo generacional podía introducir una cierta reapertura del margen colectivo.
El relevo biográfico deja de garantizar una renovación suficiente del margen porque el medio preforma cada vez antes a los nuevos nodos, con alta señal, respuesta rápida, cierre disponible, interfaces de bajo coste, poco tiempo de elaboración y escasa tolerancia a la ambigüedad.
No toda generación joven está perdida, y hay diferencias entre trayectorias; más bien, cambian los individuos
La atrición ya no funciona como un correctivo ingenuo en términos históricos: antes, el desgaste, el retiro o la sustitución de ciertos nodos podían ir acompañados de una reapertura relativa del campo, pero hoy ese mecanismo se debilita porque lo que se hereda no es solo un mundo sino una infraestructura de cierre.
Esto vuelve especialmente visible una paradoja contemporánea: basta mirar la proliferación de cambios tecnológicos, los desplazamientos de lenguaje, las innovaciones de interfaz y la sensación constante de novedad para ver que, sin embargo, esa misma aceleración puede convivir con una disminución del margen real de aprendizaje, el mundo se transforma deprisa y produce sujetos cada vez más tempranamente entrenados en economías de cierre barato.
La consecuencia es fuerte sin ser apocalíptica: la renovación no está cancelada; requiere algo más que la simple sucesión de generaciones y necesita otra política del margen, otra ecología de la latencia y otra economía del sentido.