Capítulo 10. Hebb: la ruta que se abarata

Capítulo 10

Hebb: la ruta que se abarata

La historia no deja solo recuerdo. Deja ruta.

Esta es la intuición más fecunda que la neurobiología aporta aquí. No hace falta volverla una ontología del cerebro ni hacer del volumen un tratado de sinapsis. Basta con recoger una idea simple y muy poderosa: lo que se activa junto muchas veces se vuelve más fácil de volver a activar. La repetición no deja solo memoria psicológica. Deja relieve material.

Eso es lo que vuelve tan importante a Hebb en este punto del libro. No porque explique por sí solo la economía del sentido, sino porque muestra algo decisivo: una vía usada con frecuencia se abarata. Requiere menos esfuerzo relativo para ser recorrida otra vez. El sistema no parte de cero en cada respuesta; va construyendo facilidades, atajos, automatismos, predisposiciones y economías de activación.

Dicho en el lenguaje de este volumen: el sistema no solo recuerda. Aprende qué le sale más barato.

Esto tiene consecuencias inmediatas. Una respuesta repetida no es solo una costumbre “mental”. Es una vía que ha ganado probabilidad. Un cierre ya muy usado no es simplemente una interpretación favorita. Es una trayectoria de bajo coste. Y cuanto más se repite, más fácil resulta que el sistema vuelva a ella incluso cuando el contexto haya cambiado.

Aquí conviene evitar un malentendido. Hebb no demuestra que toda repetición sea mala ni que toda plasticidad conduzca al empobrecimiento. Ocurre lo contrario: sin repetición no habría aprendizaje. Una coordinación motora, un modo de atención, una forma de nombrar, una lectura del entorno, una pauta de regulación o un gesto afectivo solo pueden volverse utilizables si se consolidan. La sedimentación no es el problema. Es una condición de la vida finita.

El problema aparece después: cuando la ruta abaratada deja de ser una ayuda y empieza a convertirse en la salida por defecto.

Ahí la economía del sentido se deja leer con mucha claridad. Una vía no se repite solo porque haya sido “elegida” antes. Se repite porque la historia ha modificado el campo en que la siguiente discrepancia va a caer. Lo repetido ya no está al mismo nivel que lo no repetido. Ha ganado ventaja. Se ha hecho más fácil. El sistema se inclina hacia ello.

Y esta inclinación no afecta solo al movimiento o al reflejo. Afecta también a:

  • formas de atención,

  • estilos de cierre,

  • modos de interpretar,

  • hábitos de protección,

  • rutas de alivio,

  • modos de uso del lenguaje,

  • maneras de tratar la ambigüedad.

Esto no significa que debamos explicarlo todo “por el cerebro”. Significa algo más preciso: la historia de un sistema se inscribe también como facilidad diferencial de ciertas rutas. Y eso basta para volver mucho más inteligible por qué algunas respuestas terminan apareciendo antes que otras.

La consecuencia más importante de este capítulo es esta: repetir no solo estabiliza una forma; abarata su retorno.