Capítulo 5
El cuerpo no regula gratis
Si la economía del sentido no es una metáfora blanda, entonces tiene que aparecer también en el cuerpo. No solo en las ideas, en las narraciones o en las instituciones. El cuerpo no es una base muda sobre la que luego se organiza el sentido. Es uno de los lugares donde el coste del sentido se vuelve más visible.
Esto exige una corrección importante. Muchas veces se piensa el cuerpo como si fuera un soporte relativamente pasivo: algo que acompaña a la psique, algo que se fatiga o se excita, pero que en el fondo solo “recibe” lo que otros niveles deciden. Aquí el cuerpo aparece de otra manera. No como un recipiente, sino como un sistema activo de regulación. El cuerpo compensa, anticipa, ajusta, desvía, protege, sacrifica, redistribuye. Hace trabajo todo el tiempo para que algo parecido a una continuidad siga siendo posible.
Ese trabajo no se presenta siempre como síntoma visible. A veces toma la forma de una ligera tensión de base, de un sueño menos profundo, de una digestión peor, de una capacidad de recuperación más baja, de una mayor facilidad para irritarse, de una atención ya estrechada antes de que ocurra nada “grave”. El cuerpo no espera a la interpretación para empezar a pagar. Regula antes. Y muchas veces regula tanto que cuando por fin la conciencia lo nota, el gasto ya estaba ocurriendo desde mucho antes.
Por eso conviene hablar de regulación antes que de equilibrio. El cuerpo no conserva estabilidad permaneciendo quieto, sino cambiando continuamente para sostener una forma viable. La vida corporal no funciona como una máquina que vuelve una y otra vez al mismo punto ideal sin desgaste. Funciona más bien como una serie de ajustes permanentes: tono, activación, temperatura, sueño, metabolismo, inflamación, secreción hormonal, postura, atención, umbrales de alerta. Cada uno de esos ajustes puede ser pequeño. Su acumulación, no.
Aquí aparece una primera tesis del volumen: el cuerpo no regula gratis. Cada corrección tiene coste. Cada compensación desplaza algo. Cada continuidad sostenida exige trabajo. El cuerpo puede seguir haciéndolo durante mucho tiempo, pero no infinitamente. De hecho, una de las marcas más engañosas de la vida contemporánea consiste en que el sistema sigue funcionando mientras ese trabajo regulatorio ya se ha encarecido mucho. La continuidad se mantiene, sí, pero a crédito.
Esto permite leer de otra forma muchos fenómenos que solemos interpretar demasiado rápido como “psicológicos” o “subjetivos”. El mal humor, la impaciencia, la intolerancia al ruido, la necesidad de control, la incapacidad de esperar, la dificultad de sostener una conversación compleja o de dejar algo sin cerrar no son solo cuestiones de carácter. A veces son el lenguaje visible de un cuerpo que ya llega con menos margen del que el entorno presupone. No porque el cuerpo determine por sí solo el sentido, sino porque está participando desde el principio en su coste.
Eso es importante porque impide dos errores opuestos. El primero sería psicologizarlo todo: creer que si alguien no puede sostener cierta ambigüedad, el problema está únicamente en su estructura psíquica o en sus ideas. El segundo sería biologizarlo todo: suponer que basta con hablar del cuerpo para haber explicado la experiencia. Ninguno de los dos alcanza. Lo que importa aquí es el acoplamiento. El cuerpo no sustituye al sentido, pero tampoco lo acompaña desde fuera. Lo hace posible y, a veces, lo limita.
En un régimen de cierre barato, esto se vuelve todavía más claro. El sistema social puede seguir funcionando mientras desplaza coste sobre cuerpos concretos. La psique puede seguir narrando continuidad mientras el cuerpo acusa deuda. El lenguaje puede seguir produciendo explicaciones rápidas mientras el cuerpo ya no puede sostener el precio de tanta reducción. Por eso el cuerpo importa tanto en este volumen: porque hace visible que seguir operando nunca es neutral.
El cuerpo es, en este sentido, el lugar donde la continuidad deja de ser inocente.
Y si esto es así, la siguiente pregunta no puede evitarse: ¿qué significa exactamente decir que un sistema tiene más o menos energía disponible para sostener una discrepancia sin precipitarse al cierre más barato?