Capítulo 24
Cuerpo singular, no receta universal
Una vez introducidos el cuerpo, la carga, la histéresis y el umbral material, hay una conclusión inevitable: no existe un cuerpo abstracto para el que valga una única solución universal.
Esta afirmación no debe entenderse como relativismo simple. No significa que todo dé igual ni que cualquier intervención funcione lo mismo. Significa algo más preciso: el margen de un sistema depende de su historia, de sus valles ya formados, de sus deudas, de sus ritmos, de sus cargas y de su punto actual de estrechamiento. Por eso las estrategias corporales y ambientales nunca son puramente universales. Son siempre, en algún grado, situadas.
Esto vale para la alimentación, para el sueño, para el ejercicio, para la luz, para el descanso, para la regulación del ritmo y para cualquier práctica de modulación del margen. Una misma intervención puede ampliar la latencia y la disponibilidad de un sistema y resultar, para otro, demasiado costosa o simplemente inútil. Incluso dentro del mismo cuerpo, una estrategia que en cierto momento fue muy buena puede dejar de serlo más adelante. No porque el cuerpo sea caprichoso, sino porque la histéresis lo ha modificado y porque el tipo de carga al que está expuesto ya no es el mismo.
Aquí conviene desconfiar de una tendencia muy fuerte de nuestra época: transformar cualquier mejora localizada en doctrina general. Una pauta alimentaria, una práctica de sueño, un protocolo de regulación, una forma de ejercicio o una intervención metabólica pueden resultar muy eficaces para cierto sistema en cierto momento y, sin embargo, no merecer el estatuto de verdad universal. El error no está en usarlas. El error está en olvidar que toda intervención trabaja sobre un relieve previo y no sobre una tabla rasa.
Por eso el cuerpo singular importa tanto: no como celebración narcisista de la diferencia individual, sino como reconocimiento de que no todos los sistemas pagan del mismo modo el coste de sostener mundo. Algunos llegan antes al umbral. Otros recuperan más despacio. Otros reaccionan peor a la misma intervención.
La dieta, el descanso, el movimiento, la exposición a luz, la reducción de ruido, el orden del día, la alternancia de intensidades, la relación con las pantallas o la estructura del entorno importan muchísimo. Pero su valor no está en ofrecer una norma universal del vivir bien. Está en funcionar, a veces, como herramientas parciales para devolver un poco de disponibilidad a un sistema que ya no puede aprender bien de lo que le ocurre porque todo le llega demasiado caro.
Eso obliga a pensar siempre en términos de intervención temporal y de revisión. Una práctica puede servir un tiempo y dejar de servir después. Una estrategia puede ser buena para bajar deuda, pero mala si se convierte en nueva exigencia rígida. Un sistema puede necesitar primero menos complejidad, y más adelante poder volver a abrir repertorio. No hay forma estable de la salud que pueda pensarse sin tiempo.
Aquí la histéresis resulta otra vez central. Un cuerpo no responde a una intervención solo por lo que la intervención “es”, sino por la historia desde la que la recibe. De ahí que dos sujetos, o el mismo sujeto en dos momentos distintos, puedan reaccionar de forma muy diferente a una estrategia similar. La intervención nunca trabaja sobre el cuerpo en abstracto; trabaja sobre un sistema ya modulado por su trayectoria.
Esto vuelve aún más importante la modestia del libro. La economía del sentido no autoriza a prometer una solución corporal perfecta. Autoriza algo más útil: a recordar que el cuerpo es una de las condiciones del margen y que, por tanto, toda teoría del cierre, del aprendizaje o de la fragilidad que ignore su singularidad se vuelve demasiado abstracta.
El cuerpo singular no exige menos teoría. Exige una teoría más honesta, capaz de distinguir entre principios generales, condiciones recurrentes y modulaciones situadas.
Ese es el último gesto del volumen antes de cerrar: no ofrecer una receta, sino devolver el problema a su escala correcta, la de sistemas finitos que pagan de maneras distintas el coste de hacer mundo.