Ciclo: Ciclo 1  ·  Volumen: Vol. VI — Pedagogía del borde

Capítulo 21. No perder el mundo

Capítulo 21

No perder el mundo

Una pedagogía del borde no existe para producir más experiencias, ni para intensificar la sensibilidad, ni para oponerse en abstracto a toda forma de cierre; existe por una razón mucho más sobria y más difícil: para que el sentido no se abarate hasta el punto de dejar de recibir mundo.

No perder el mundo no significa salir del lenguaje, abandonar la técnica o vivir sin estructura. Eso no tendría sentido porque el mundo humano siempre aparece mediado por cuerpos, palabras, hábitos, vínculos, instituciones y cierres, y lo que este capítulo llama “no perder el mundo” es otra cosa: no reducir tan pronto y tan barato una diferencia que la escena deje de poder ser corregida por ella.

Una vida pierde mundo cuando todo lo que comparece entra ya convertido en:

  • Función,

  • Identidad,

  • Trámite,

  • Rendimiento,

  • Posición,

  • Diagnóstico,

  • O consumo rápido de relevancia.

Una escuela, una institución y un sujeto pierden mundo cuando —respectivamente— toda dificultad se vuelve enseguida evaluable y toda pregunta se decide por el formato antes que por la escena, cuando la institución ya no puede sostener nada que no sea inmediatamente legible como gestión, y cuando al sujeto todo lo que le ocurre le presenta ya una salida barata y casi nada conserva la fuerza de alterarlo de verdad.

Aquí se ve con nitidez el lugar final del libro: se trata de conservar un poco de margen para que la forma no agote demasiado pronto aquello que pretende organizar, y eso es, en el fondo, lo que una pedagogía del borde protege:

  • La posibilidad de que una escena todavía no haya sido del todo decidida,

  • La posibilidad de que el lenguaje no capture de inmediato todo lo que nombra,

  • La posibilidad de que el aprendizaje no se vuelva solo administración del repertorio,

  • La posibilidad de que la institución no compre continuidad solo a base de cierre barato.

No perder el mundo es, entonces, una tarea muy concreta: a veces consistirá en proteger silencio, introducir una palabra menos capturante, bajar ruido, devolver cuerpo, resistir un formato o aceptar una forma provisional que impida daño mayor; lo importante no es el gesto aislado sino que ese gesto conserve un poco de corregibilidad.