Capítulo 12
Esto es muy importante para la pedagogía porque explica que la buena voluntad del docente y la sensibilidad del alumno no bastan cuando una escena ya está inclinada antes de empezar; basta mirar las palabras, los formatos y las expectativas, los dispositivos, las lógicas de intervención y las gramáticas institucionales ofrecen ciertas vías de reducción mucho antes de que nadie haya elegido nada, una pedagogía del borde tiene que leer esa inclinación si no quiere confundirse.
El cierre sedimentado resulta especialmente peligroso cuando parece cuidado, orden o normalidad: una corrección demasiado pronta, una estructura muy pautada o una identidad pedagógica nacida de una necesidad legítima pueden haber sido útiles y pueden seguir valiendo, pero si dejan de poder ser corregidas por las diferencias nuevas comienzan a funcionar como valle que no obliga al sistema a decidir sino que lo arrastra.
Por eso el trabajo pedagógico aquí no consiste en destruir hábitos sin más sino en devolver fricción suficiente para que el sistema deje de recorrer siempre la misma ruta sin verlo; a veces implicará interrumpir una secuencia demasiado automática, otras devolver a la escena el fenómeno que la estructura había reemplazado, y en ocasiones impedir que una práctica legítima se absolutice.
Lo mismo ocurre a escala institucional: una institución puede sedimentar modos de evaluación, corrección, clasificación o cuidado que ya no preguntan por el margen real de las escenas porque siguen funcionando por ser baratos y no por ser los mejores, y cuanto más se apoyen entre sí esos cierres más recurrente será el medio.
La pedagogía del borde se convierte así en crítica de la normalidad, no porque toda norma sea necesariamente opresiva sino porque muchas formas de cierre se vuelven invisibles cuando ya nadie necesita justificarlas y parecen el modo natural de seguir,
En ese sentido el problema no se reduce a apertura y cierre: hace falta preguntar por el relieve histórico de las rutas, por su disponibilidad y por la economía del medio que las refuerza; esa lectura prepara un problema más delicado todavía, cuándo una escena ya no tiene solo cierres dominantes sino que está demasiado cerca del punto donde cualquier diferencia comienza a costar demasiado, ahí aparece el límite operativo.