Capítulo 4
La sociedad no está hecha de personas
Cuando decimos “sociedad”, imaginamos inmediatamente a la gente. Multitudes, individuos, cuerpos, rostros, biografías. Esta imagen es tan intuitiva que parece imposible pensar la sociedad de otra manera. Pero es precisamente aquí donde la teoría de sistemas introduce su ruptura más radical.
La sociedad no está hecha de personas.
Está hecha de comunicación.
Esto no significa que las personas no existan o no importen. Significa que no son los elementos que componen el sistema social. Lo que compone la sociedad son eventos comunicativos que se enlazan con otros eventos comunicativos: palabras que responden a palabras, textos que citan otros textos, decisiones que se basan en decisiones previas, códigos que se activan una y otra vez.
Una ley no es una persona. Una noticia no es una persona. Un contrato, un poema, un algoritmo que responde, una fórmula matemática publicada, todos ellos son comunicaciones. Y solo existen socialmente en la medida en que otras comunicaciones los reconozcan, los continúen, los modifiquen o los rechacen.
Las personas son necesarias para que haya comunicación, del mismo modo que los pulmones son necesarios para hablar. Pero no forman parte del sistema que producen. El sistema social no ve cuerpos ni cerebros. Ve mensajes.
Esto implica algo que resulta profundamente incómodo para la mentalidad moderna: la sociedad no tiene centro. No hay nadie que la controle, nadie que la piense, nadie que la gobierne desde fuera. La sociedad se autoproduce enlazando comunicaciones con comunicaciones, seleccionando unas posibilidades y descartando otras.
Aquí se revela por qué la idea del sujeto soberano es una ficción. Lo que creemos decisiones individuales son, en realidad, actualizaciones de estructuras comunicativas. Un científico publica un artículo, pero lo hace dentro de un sistema que decide qué cuenta como ciencia. Un juez dicta sentencia, pero lo hace dentro de un código jurídico que nadie ha elegido. Un ciudadano vota, pero lo hace dentro de un sistema político que define qué es una opción.
La inteligencia que vemos en estos procesos no pertenece a los individuos que participan en ellos. Pertenece al sistema que organiza las distinciones: verdadero y falso, legal e ilegal, poder y oposición, pago y no pago.
Si queremos entender qué es la inteligencia, no debemos buscarla en las personas, sino en estos sistemas de comunicación que piensan sin saberlo.
En el próximo capítulo entraremos en el concepto que permite que todo esto funcione: el sentido.