Epílogo
Donde el sentido se vuelve vida
No pensamos desde fuera del sentido. Vivimos dentro de él.
Si a lo largo de este volumen se ha insistido en retirar al sujeto del centro, no fue para vaciar la experiencia humana; se buscó situarla en el único lugar donde realmente ocurre: en el punto de fricción entre sistemas que producen sentido y una vida que debe habitarlo.
El pensamiento no nos pertenece, nos atraviesa; no lo gobernamos y lo padecemos; no lo producimos y, sin embargo, vivimos con sus consecuencias, esa es la condición humana que este libro ha intentado describir sin consolarla ni dramatizarla.
Cuando el sentido se estabiliza, la vida se vuelve habitable sin hacerse visible, y cuando se acelera, se satura o se descentra de la experiencia, la vida empieza a doler sin saber por qué, ocurre menos por falta de significado y más por exceso de operación.
El sentido se vuelve vida cuando deja de ser una abstracción operativa y, manifestándose como límite, malestar y necesidad de orientación, deja de ser una verdad que poseemos para convertirse en un mundo que nos sostiene o que se nos vuelve inhóspito.
Este libro ofrece una lectura más que una salida o un programa, una manera de reconocer cuándo el pensamiento ha dejado de ser vivible y se ha convertido en ruido, saturación o desgaste.