Ciclo: Ciclo 1  ·  Volumen: Vol. V — Ética del borde

Prólogo. Este libro no comienza desde cero.

Prólogo

Este libro no comienza desde cero.

No lo hace porque no podría, y porque lo que aquí se intenta pensar (la ética) aparece como una consecuencia más que como una capa añadida al final del camino, una consecuencia frágil, incómoda, inevitable, de todo lo que ha ido apareciendo en los volúmenes anteriores. Pretender una ética aislada, autosuficiente, fundada únicamente en la razón o en la voluntad, sería repetir precisamente aquello que este proyecto intenta poner en cuestión.

En los libros previos se ha explorado cómo el pensamiento tiene su origen en sistemas que lo preceden y no en un sujeto aislado: el lenguaje, la comunicación, la narración, la historia. Se ha mostrado que la idea de pensar libremente resulta limitada: en realidad somos pensados dentro de campos de sentido que delimitan lo posible, lo decible y lo imaginable. Se ha analizado cómo la conciencia y la autoconciencia emergen como funciones más que como orígenes, y cómo el yo aparece como una condensación narrativa necesaria para habitar un mundo socialmente complejo.

La ética, tal como se aborda en este libro, se comprende menos como un conjunto de normas o un código racional y más como una pregunta tardía: ¿qué ocurre cuando los sistemas que hacían habitable el mundo dejan de acoplarse? Basta mirar alrededor: ¿qué forma puede tomar una ética cuando el malestar deja de ser excepción y pasa a ser condición general? ¿Qué significa actuar responsablemente cuando el sentido mismo se vuelve inestable?

Este volumen parte de una sospecha fuerte: muchas éticas contemporáneas fracasan porque intentan responder desde el nivel del sujeto a problemas estructurales, moralizan donde haría falta atender, imputan donde haría falta abrir y buscan certezas cuando lo que se ha perdido es el aparecer mismo del mundo como mundo.

Por eso el recorrido que sigue este libro es exploratorio más que ascendente o deductivo: comienza en el cuerpo, en la orientación primaria y en el afecto, atraviesa la psique como gestión de la complejidad, retoma el lenguaje y la narración como estabilizadores de sentido y examina la técnica como sustitución funcional acelerada; solo entonces entra de lleno en la cuestión ética con la intención de desplazarla en lugar de cerrarla.

habitar el borde de lo pensable sin convertirlo en dogma.