Ciclo: Ciclo 1  ·  Volumen: Vol. I — Homo Fabulensis

Capítulo 7. La autonomización del relato

Capítulo 7

La autonomización del relato

El desanclaje del lenguaje respecto del cuerpo y de la experiencia vivida no se detiene en una mera separación. Cuando se prolonga y se estabiliza, da lugar a un fenómeno más profundo: la autonomización del relato.

En este punto, el sentido ya no solo se separa de la experiencia que lo corregía. Comienza a operar sobre sí mismo.

Desde un punto de vista sistémico, la autonomización se produce cuando la comunicación selecciona sus propias continuaciones principalmente por coherencia interna con comunicaciones previas, y no por corrección derivada de la experiencia corporal o del entorno vivido

Del anclaje a la autorreferencia

Desde la teoría de sistemas, un sistema se autonomiza cuando sus operaciones dejan de tomar como referencia principal el entorno y pasan a referirse a otras operaciones del propio sistema. El sistema ya no selecciona en función de lo que ocurre fuera, sino de lo que es coherente con su propia dinámica interna.

Aplicado al sentido, esto significa que las narraciones empiezan a evaluarse:

  • por su coherencia formal,

  • por su capacidad de reproducirse,

  • por su eficacia comunicativa,

  • por su compatibilidad con otras narraciones ya existentes.

El cuerpo, la experiencia concreta y el coste vivido dejan de ser criterios centrales. No desaparecen, pero pierden peso estructural.

El relato se vuelve autónomo cuando puede continuar aunque ya no sea habitado plenamente.

Relatos que responden a relatos

En un régimen de autonomización, el sentido se encadena a sí mismo. Aparecen fenómenos como:

  • explicaciones que responden a otras explicaciones,

  • discursos que se legitiman por referencia cruzada,

  • narrativas que se justifican porque “así se dice” o “así funciona”.

La pregunta ya no es si un relato orienta la vida, sino si encaja dentro del sistema narrativo existente.

Este cierre autorreferencial aumenta la eficiencia. Permite velocidad, estandarización y coordinación a gran escala. Pero también introduce un riesgo: el sistema pierde capacidad de corrección por mundo.

Producción masiva y aceleración

La autonomización se intensifica cuando el relato se industrializa. Tecnologías de registro, reproducción y difusión permiten que las narraciones:

  • se multipliquen,

  • se fragmenten,

  • se recombinen,

  • se distribuyan sin fricción.

El sentido deja de circular a la velocidad de la experiencia. Circula a la velocidad del sistema técnico que lo soporta.

En este régimen, el valor de una narración ya no depende de su espesor ni de su capacidad de sostener mundo, sino de:

  • su visibilidad,

  • su impacto inmediato,

  • su capacidad de retención,

  • su facilidad de consumo.

El relato se convierte en producto.

La psique frente a la autonomización

Desde dentro, este proceso no se vive como pérdida de sentido inmediata. Se vive, primero, como exceso.

La psique recibe más narraciones de las que puede integrar. Muchas de ellas no están conectadas entre sí, ni con la experiencia personal. El resultado no es comprensión ampliada, sino saturación.

El yo sigue funcionando. Las decisiones se toman. Las normas se cumplen. Pero el sentido deja de organizar el mundo como un todo coherente. Se fragmenta en episodios, roles, versiones parciales.

La psique no puede detener la autonomización. Pero paga su coste.

Relato autónomo y desplazamiento de responsabilidad

Un efecto importante de la autonomización es el desplazamiento de la responsabilidad. Cuando el relato se impone como sistema cerrado, los individuos ya no se perciben como agentes de sentido, sino como portadores de narraciones que los exceden.

“Es así.”
“Funciona así.”
“No hay alternativa.”

Estas fórmulas no describen la realidad. Describen el grado de cierre del sistema narrativo. Cuanto más autónomo es el relato, más se presenta como inevitable.

El sistema gana estabilidad.
El sujeto pierde margen.

Conclusión del capítulo

La autonomización del relato no implica que el sentido desaparezca. Implica que se emancipa de la experiencia que lo hacía vivible. El lenguaje sigue operando, incluso con gran eficacia, pero lo hace cada vez más lejos del cuerpo, del tiempo vivido y del límite psíquico.

El sistema no necesita sentir para seguir. Puede continuar sin pausa, sin duda y sin experiencia. No hay error en ello.

El problema aparece solo cuando ese modo de funcionamiento se confunde con el mundo.

Este proceso no es patológico en sí mismo. Es una consecuencia estructural de la optimización sistémica.